Aquí sigo, delante de las mismas cuatro puertas, alargando el momento inevitable, el momento de tomar una decisión. Odio tomar decisiones.
¿No puedo probar cada una de las puertas, asomarme un poco para ver que me depara ese nuevo camino, andarlo unos pasos para ver si me convence y si no volverme y probar con otro? Algo en mi interior me dice que eso no es posible. Que una vez abierta una puerta no habrá marcha atrás.
Observo de nuevo las puertas, esta vez con más detenimiento. Ahora que las vuelvo a mirar noto diferencias en ellas. La primera vez que las vi me parecieron todas iguales, pero ahora... hay algo distinto en cada una de ellas. Quizás ver esas diferencias me ayude en mi decisión, no pierdo nada por intentarlo.
¿No puedo probar cada una de las puertas, asomarme un poco para ver que me depara ese nuevo camino, andarlo unos pasos para ver si me convence y si no volverme y probar con otro? Algo en mi interior me dice que eso no es posible. Que una vez abierta una puerta no habrá marcha atrás.
Observo de nuevo las puertas, esta vez con más detenimiento. Ahora que las vuelvo a mirar noto diferencias en ellas. La primera vez que las vi me parecieron todas iguales, pero ahora... hay algo distinto en cada una de ellas. Quizás ver esas diferencias me ayude en mi decisión, no pierdo nada por intentarlo.
Primera puerta
Me acerco a la primera puerta. Ahora que estoy más cerca me asalta una sensación de familiaridad. Observándola de cerca me doy cuenta de que es una puerta vieja, como si llevara ahí demasiados años esperando ser abierta. Tiene golpes y arañazos, como si alguien la hubiera intentado abrir cuando no debía ser abierta.
¿Se podrá abrir ahora? Mi mano se acerca al pomo, pero me detengo en seco. No debo. Algo en mi interior me susurra que ese camino me llevara a un nuevo país, uno que se que he ansiado recorrer hace tiempo, pero que quizás no sea como lo he imaginado tantas veces. Dolor y felicidad a partes iguales. Rosas con espinas.
Me acerco a la primera puerta. Ahora que estoy más cerca me asalta una sensación de familiaridad. Observándola de cerca me doy cuenta de que es una puerta vieja, como si llevara ahí demasiados años esperando ser abierta. Tiene golpes y arañazos, como si alguien la hubiera intentado abrir cuando no debía ser abierta.
¿Se podrá abrir ahora? Mi mano se acerca al pomo, pero me detengo en seco. No debo. Algo en mi interior me susurra que ese camino me llevara a un nuevo país, uno que se que he ansiado recorrer hace tiempo, pero que quizás no sea como lo he imaginado tantas veces. Dolor y felicidad a partes iguales. Rosas con espinas.
¿Quizás nunca deba ser abierta esta puerta?... Nunca es una palabra demasiado grande... Tengo la sensación de que esta puerta siempre permanecera ahí... abierta o no...
3 comentarios:
No importa como uno imagina el pais que una vez soñó, importa el camino recorrido antes de llegar a el. ¿No conoces el poema Iyaca de Kavafis?
Me referia a Itaca, siento la errata.
No tengas miedo.
Muchas gracias por tu comentario, la verdad que no conocía el poema, precioso.
Publicar un comentario en la entrada