miércoles, 18 de abril de 2007

Tienda de armaduras

Aunque parezca mentira, he conseguido dejar atrás el bosque. Camino por una senda, que parece no tener fin. No se cuantas horas llevo caminando. Tengo la ropa hecha jirones. Entre ellos, bajo la luz cegadora del sol, brilla mi vieja armadura. Oxidada pero firme mi corazón sigue a salvo.
Parece ser que se ve una especie de casa a un lado del camino. Cuando por fin consigo acercarme veo un letrero encima de la puerta:

La Casa de Oxion;
Compra, venta y reparación de armaduras

Abro la puerta despacio y entro. Todas las paredes están cubiertas de relucientes armaduras de todo tipo esperanza. Al fondo hay un mostrador, y tras él se encuentra un anciano topo que me sonríe y me invita a pasar.
El topo se fija en el mal estado de mi armadura no puedo mantenerla, y comenta que podría arreglarla no quiero mostrarme. Eso estaría bien, la necesito para seguir el viaje. No tengo dinero para pagarle, pero parece que no le importa. Me ayuda quitar mi vieja armadura me siento débil y vulnerable. La repasa y dice que tardará en arreglarlo miedo.
No puedo irme así, necesito la armadura para enfrentarme a este nuevo mundo no estoy preparada. Parece que lee la preocupación en mis ojos. Se acerca a una de las paredes y acerca una armadura reluciente a mi. Me la ofrece mientras repara la mía aun puedo esconderme.
Me visto con la nueva, es resistente y mas ligera que la anterior protegida. Derrepente he recupero fuerzas para continuar mi viaje. El topo me sonríe tras el mostrador mientras me voy, y prometo que volveré a por mi vieja armadura.

lunes, 9 de abril de 2007

Bosque de manos

Después de días andando sin rumbo, llego a un curioso bosque. No son árboles los que forman el bosque sino manos que salen del suelo, y se alzan hacia el cielo.

No tengo otra opción que entrar en él, si retrocedo no llegare a ninguna parte. Aparentemente hay una especie de senda que se interna en el bosque y me encamino hacia allí.

Entro cautelosa, todo parece tranquilo. Derrepente noto que algo me toca la espalda y me giro. Uno de los arboles-mano está intentando alcanzarme. Retrocedo para alejarme de ella y me choco con otra que también intenta tocarme.

Empiezo a correr adentrándome más en el extraño bosque, esquivando las manos que intentan alcanzarme. Parece que veo una salida, puede ser. Justo cuando estoy apunto de salir, una mano se interpone en mi camino...

Por qué tiene la necesidad imperiosa de tocarme todo el rato? No me importa que me toque, que me acaricie... pero tiene que hacerlo cuando estamos tomando algo con sus o mis amigos?

Porque, personalmente, no me pone nada. Si estoy charlando con alguien, todos juntos, pos estamos a eso, en plan todos amigos. Ya tendremos tiempo de meternos mano cuando estemos solos.

Supongo, que para gustos están los colores, pero por eso, yo decido, pero parece que no le entra en la cabeza.

sábado, 7 de abril de 2007

El coche

Cómo puede algo tan cotidiano proporcionar ese pequeño rinconcito de intimidad? Nunca antes lo había probado, y no lo entendía.

Ahora lo entiendo, y me gusta, tiene su encanto.

No entendía como, en un reducido espacio rodeado de tantas ventanas, se podía conseguir intimidad, pero solo hay que ir a un lugar apartado, oscuro a poder ser, y dejar que la física haga el resto.

Y luego dejarte llevar hasta donde quieras...

domingo, 1 de abril de 2007

Cayendo por la madriguera de conejo

Hace dos meses...

Era un viernes nublado, y después de estar toda la tarde estudiando, decidí cerrar un momento los ojos para descansar y despejarme algo. Entonces escuche una voz que decía que era demasiado tarde
(no lo era, pensé, podía salir con ese chico).
Al levantar la vista, cual fue mi sorpresa al observar un conejo blanco que entraba por la puerta de mi cuarto y corría hacía la ventana sin parar de repetir lo mismo, mientras miraba una y otra vez un reloj. Se acerco a la ventana y salto por ella.
Me levante y me asome a la ventana, y le vi correr por el jardín, no se cual fue el motivo, pero decidí seguirle y salte yo también por la ventana
(sin pensarlo, quede con él). Al llegar al suelo, después de mi sorpresa de no haberme hecho ni un solo rasguño, solo tuve tiempo de verle desaparecer tras un matorral.
Me encamine hacía allí corriendo, y me adentre en el matorral. Antes de poder darme cuenta, caía en el vacío dentro de una madriguera de conejo
(había empezado a salir con él)...